Viñarock: 10 razones por las que ya NO mola nada

Con la resaca de Viñarock ya pasada os voy a contar (ahora con la mente y los recuerdos aún frescos) porqué tras su vigesimotercera edición. Sí, 23 años llevan dando caña, este festival ya no es ni la sombra de lo que era. Y por varios motivos.

He de decir que mi primer Viñarock fue hace 15 años, rondaba la primavera del 2003 cuando decidí embarcarme en el que fue mi primer gran festival, de muchos más que vinieron después. Y, desde aquél bendito primer Viña, estuve yendo sin faltar año tras año durante 10 años consecutivos, para después hacer un parón de unos cuantos años y, visto lo visto en esta edición he recordado porqué dejé de ir a Viñarock y porqué este festival ya NO mola.

1. Mierda de sonido

Sí, amigos, es una pena que en un festival tan tocho y que lleva celebrándose tantísimos años, que ha sido pionero en el ámbito de los macrofestivales a nivel nacional haya quedado siendo una sombra de lo que fue. Yo no sé si es por tema presupuestario (que lo dudo), pero desde que lo organiza el Ayuntamiento de Villarrobledo se ha notado un bajón considerable en la calidad de sonido de los espectáculos. Lo cual me parece un insulto tanto al público como a las bandas, que se dejan la piel para dar un buen show. Y ya sea por falta de buenos técnicos o buen equipo, en todos los conciertos no se oía nada. Voces distorsionadas, guitarras inexistentes, coros que subían y bajaban sin explicación aparente, un completo caos que da pena de lo patético que resulta.

2. Precios abusivos

Todos los que somos asiduos a festivales sabemos que los precios en las barras de muchos macroconciertos o festivales terminan rozando el absurdo de lo abusivos que resultan, lo inexplicable es cómo un festival de la talla de Viñarock, que ya es caro de por sí, haya aumentado de un año para otro un 25% el precio de las bebidas dentro del recinto, y más cuando encima te ponen garrafón. Eso sin mencionar que si no puedes gastar todos los tuents (moneda oficial del festival a razón de 2.5€ por tuent), te la tienes que comer con papas y no puedes devolverla. O, que para tener un vaso oficial del festival o el mechero hayas de gastarte de golpe 40€ en tuents.

Venga, que se me lo llevan de las manos!!

3. ¿Sostenibilidad? Sí, pero NO en Viñarock

¿Qué le cuesta a la organización de un festival que va embolsarse MILLONES poner vasos de cartón? Se ve que a la organización del Viña mucho, pues todo era plástico, kilos y kilos de vasos, platos y cubiertos de plástico que irán a parar al vertedero municipal. Nada de rollo ecofriendly en el festival de Villarrobledo. Y eso da pena. Todo es de usar y tirar en un festival que, nada más que por lo que ha representado y muy a mi pesar sigue representando, debería dar ejemplo.

4. … Perdone camarero…

No sé si es que Viñarock se ha asociado con el CERMI (Comité Español de Personas con Discapacidad), pero los camareros estaban más empanados que un cachopo asturiano. Dentro de las barras había la suficiente gente como para abastecer a todas las almas sedientas de brebaje que llegaban a pedir pero (siempre hay un pero), se ve no sumaban las suficientes neuronas entre todos ellos pues se formaban unas colas que ni las del INEM tras la temporada de verano.

Imagen de archivo de las barras del festival Viña Rock. – Foto: Teresa Jiménez (La Tribuna de Albacete)

5. Garrafón por palés

Está claro que a un festival se va a beber (entre otras cosas), pero eso de que una pida un “Puerto de Indias con Seven Up” y le pongan una ginebra tintada de rosa de nombre impronunciable y olor a chuchería pues… como que no. Entiendo que ya que la organización se ha asociado con Poliakov y Negrita (dos bebidas que no valen ni lo barato que cuestan y como patrocinadores oficiales tienen sus propios escenarios), éstas sean las principales que sirvan en la barra, pero hijos míos, algunos somos ya perros viejos y tenemos el colmillo fino, no os cuesta NADA tener primeras marcas como alternativa, que yo prefiero pagar un poco más por un cubata antes que beberme cualquier agua sucia con olor a colonia de bebé y que me deje la resaca de mi vida. En esto Viñarock también suspende.

No era el caso… Aquí te lo ponían de botella pero de dudosa calidad.

6. WC y duchas insuficientes

A ver, gentes de la organización de Viñarock, ¿cómo os lo digo? Lleváis 15 años, como mínimo, poniendo el mismo número de WC portátiles y duchas en un festival que ha duplicado su asistencia. ¿Es que acaso pensáis que los viñarockeros no cagamos? Cagamos y mucho. Y además somos muchos. Poneos las pilas, leche, que tratáis a la gente como a ganado.

7. Servicios mínimos de limpieza

Si ya lo del número de váteres es ínfimo respecto al número de asistentes, ¿qué decir de los currelas de limpieza? Esas almas encargadas de velar por la higiene de nuestras partes íntimas no se queda atrás. Ya puedes ir localizando algún pedrusco gordo tras el que esconderte para cagar que como te de por entrar a los WC portátiles, vas a vaciarte cual jibia, porque no sólo cagarás, también vomitarás a la vez que plantas un pino porque el olor es insoportable y nauseabundo. Y, para colmo, las mujeres (como siempre), lo tenemos aún peor, ya que no podemos dirigir el chorrillo y más nos vale seguir manteniendo una buena coordinación motora y equilibrio a pesar de la cogorza, porque basta el simple roce de tus partes para que te pilles todas las venéreas de a una.

Es desagradable, lo sé, pero esta es la realidad que te encuentras tras cada una de las puertas de los baños portátiles del Viña Rock. Foto by: fairfaxunderground.com

8. Más control de seguridad que en un aeropuerto

Ni en el Aeropuerto de Belfast (y eso que me pasaron por un escáner de cuerpo entero) me sentí tan intimidada como en el Viñarock. NO es normal que montéis un festival al que va la gente a colocarse, entre otras muchas cosas, y eso parezca la Comandancia de la Guardia Civil de Villarrobledo. ¿Qué necesidad hay de tener picoletos dentro del recinto con escopetas? ¿O de registrar a la gente dentro del propio recinto, o por la calle, andando, mientras pasean tranquilamente? ¿O de pasar al perro antidrogas a que te olfatee cada vez que vas a comprar un bocadillo? Está claro que es una medida recaudatoria más del Ayuntamiento, que, imagino yo que habrán pensado: “Vamos a montar un festival de la hostia, para que se llene esto de fumetas, pero también vamos a traer a todos los txakurras que podamos para quitarles los canutos, joderles el festival y además llevarnos la recaudación de la multa”. Asqueroso y reprochable. Y eso que yo ni fumo porros y no pretendo hacer apología de las drogas con este punto, pero es una realidad cuando los conceptos festival, rock y música se entrelazan.

Guardia Civil cacheando a un joven. Esta foto no es del Viña, pero ilustra a la perfección la situación que allí se encontraba uno. Imagen de El País.

9. Precariedad laboral

Sí, amigos, un festival de la talla de Viñarock no se iba a quedar fuera de la asquerosa realidad del tejido productivo del país: la precariedad laboral. Tuve la oportunidad de conocer y hablar con varios “ayudantes de seguridad”, que llegaron desde todos los rincones del país, desde Cádiz hasta Valencia, pasando por Cáceres o el propio Albacete y que estaban trabajando en el Viñarock y, cuál fue mi sorpresa, cuando me contaron las condiciones laborales a las que la organización los tenía sometidos: jornadas de 14-16 horas, cobrando 4,5€ la hora y dados de alta en la Seguridad Social 4 horas. Vamos, que cuadruplicaban su jornada respecto a las horas que estaban asegurados y encima pagándoles una miseria. No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza a la organización de Viñarock.

10. Cero inclusión social

Recuerdo el primer Viñarock en el que flipé porque vi, justo donde estaba la carpa del técnico de sonido, una cuesta con plataforma para que las personas con movilidad reducida y que iban en silla de ruedas pudieran disfrutar de los conciertos de sus grupos favoritos,y me sentí orgullosa de ser partícipe de un festival que se preocupaba por todos. ¿Se os ha olvidado ponerla este año o es que habéis pasado olímpicamente porque sólo van 20 o 30 que la necesiten? Me dio mucha pena ver a varias personas en silla de ruedas apartados del meollo porque no tenían espacio para ver el concierto sin que su seguridad se viese comprometida o porque la plataforma no era lo suficientemente alta como para disfrutar de los conciertos en condiciones. Y eso da mucha rabia a todos aquellos que sentimos empatía.

Imagen de archivo de Eldiario.es

Podría seguir enumerando críticas y puntos en mi lista pero lo voy a dejar aquí, aunque resumiré muy brevemente otros aspectos por los que Viñarock suspende de lejos: insuficiencia de efectivos sanitarios, suspenso en protocolo de evacuación rápida en caso de emergencia, ¿punks? en Viñarock ya han muerto pues no vi ni una cresta, adiós al viñatek (claro como no da dinero la rave ilegal pues el Ayto ha decidido quitarla), colas interminables para todo (no somos ganado), horario de apertura de puertas impuntual, reducción del tiempo de los conciertos de los principales grupos, fiesta de bienvenida sólo para los que tienen el abono (antes era gratis para todo el mundo), adiós a lo de finiquitar las cervezas que quedaban en la barra y abrir puertas antes del cierre del festival para que entrara quien quisiera… En fin, son muchas cosas y es por todo esto, e incluso más que se me escaparán, que he decidido decirle ADIÓS definitivamente a un festival que ya NO MOLA nada.

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