VIVIR EN ITALIA: Perdida en Venecia

En la región del Véneto, al noreste de Italia y a orillas del Adriático se encuentra una de las joyas del país del panettone y el spaghetti: Venecia. Probablemente la ciudad italiana que más he visitado durante mi estancia allí. Y no sólo por su cercanía con la ciudad en la que residía, Padova (apenas 45km separan ambas urbes), también porque, al igual que Sevilla, “tiene un color especial”. Y es que Venecia es un tesoro de riqueza arquitectónica, gastronómica y cultural sin parangón en todo el mundo. Me atrevo a afirmar.

Foto: Carmen Mateos
Foto: Carmen Mateos

La primera vez que me bajé del tren en la estación de Santa Lucia, automáticamente un sentimiento difícil de describir invadió mi ser. Era una sensación mezcla de nostalgia y admiración por un lugar que tenía idealizado en la mente y que, una vez con los pies allí, me reafirmé en que toda idealización que se haga sobre la ciudad de los canales es poca. Pues supera expectativas.

Recuerdo que, en aquella primera visita, salí de la estación en busca de la famosa Piazza San Marco mientras un sol resplandeciente de mediodía guiaba mis pasos por aquella enigmática ciudad. Para variar, mi cámara de fotos me acompañaba cual extensión de mi brazo. Comencé a seguir las indicaciones de flechas negras sobre fondo amarillo hacia los sitios más visitados: Palacio Grassi, San Marco, Ferrovia, Ponte Rialto, Galeria de la Academia… Sin embargo, acabé perdida. Aunque no desesperé ya que perderse en Venecia puede que sea una de las mejores cosas que te puedan pasar si eres de esos que viaja sin prisa y les gusta pararse a observar detalles. Si te extravías del itinerario quizás acabes en un callejón lleno palomares, o con suerte, frente a un palacete del siglo XVII en el que otrora viviría algún rico comerciante.

Basílica de San Marcos
Basílica de San Marcos

Y es que cada paseo que di por sus callejuelas laberínticas se convertía en un desafío para mí. Me gustaba jugar a ir siguiendo las flechitas a ver si era capaz de repetir el mismo itinerario que la vez anterior, desde Santa Lucia hacia Piazza San Marco. Imposible. En todas y cada una de mis visitas a Venecia terminé perdida entre sus calles, sus canales, sus balcones y su gente. ¡Ay! Su gente, los venecianos. ¡Qué bromistas son! Si no sabéis italiano y les habláis despacio te entenderán perfectamente ya que el dialecto veneciano tiene bastante similitud con el español.

Gran Canal
Gran Canal

Una cosa de la que me percaté en Italia es que no todos los caminos llegan a Roma. En la capital del Véneto también te conducen a cualquier punto de la ciudad que quieras llegar, tarde o temprano. Si donde quieres llegar es a cualquiera de las decenas de islas que componen Venecia: Murano (famosa por su cristal), Burano (precioso rincón lleno de casas de colores), El Cementerio de San Michele, Lido (las mejores playas de Venecia), o Torcello; entonces debes guiar tus pasos hacia cualquiera de las paradas del Vaporetto. Unos barquitos viejos, destartalados y altamente contaminantes que hacen las veces de “autobús” en una ciudad por la que no circulan los coches. Es por ello que si vas a Venecia no te esperes encontrar aguas cristalinas de color azul turquesa. No. En Venecia la transparencia del agua brilla por su ausencia ya que son cientos, quizá miles, las embarcaciones a motor que surcan sus canales a diario. Y eso se nota en el color verde estanque de sus aguas.

Vaporetto
Vaporetto

Pararse a observar, tranquilamente sentado en un banco, el trajín del ir y venir de góndolas, vaporettos, barcazas de pescadores o taxis acuáticos llenos de todo tipo de gente por el Gran Canal, la “avenida” principal de Venecia, puede resultar un espectáculo. A lo largo de este canal se cruza por algunos de los puentes más emblemáticos ya no sólo de Venecia, sino del mundo: Rialto, Puente de la Academia, Puente de los Descalzos y Puente de la Constitución son los cuatro pasos de tránsito entre una orilla y otra del Gran Canal. Este último, el Puente de la Constitución, fue diseñado por el famoso arquitecto español Santiago Calatrava y, como casi todas las obras del valenciano, no está exento de controversia. Aunque eso es otra historia.

Ponte Rialto
Ponte Rialto

Otro de los puntos de visita obligada si quieres sumergirte de lleno en la vida del veneciano, es el barrio de Cannaregio, el más poblado del casco antiguo y uno de esos lugares en los que podrás disfrutar de una buena ‘sombra’ de vino en cualquiera de sus osterías, que vienen a ser la versión italiana de las tabernas de toda la vida. Este barrio está repleto de ellas. Y no te arrepentirás si decides guiar tus pasos cuando el calor aprieta hacia cualquiera de las osterías que salpican sus calles. Podrás degustar platillos típicos de la gastronomía veneciana, llamados cichetti (una versión italiana de las tapas), acompañado de un’ombra. Y por un precio razonable, pues este barrio es para locales más que para turistas por lo que los precios bajan cuanto más te sumerges en lo local y más te alejas de los monumentos. Dato a tener en cuenta si debes manejarte con presupuesto estudiantil, como era mi caso.

Yo siendo devorada por las palomas de Piazza San Marcos
Yo siendo devorada por las palomas de Piazza San Marcos

Y, ¿qué más buscan los estudiantes en una ciudad aparte de las mejores ofertas? Fiesta. Sí, amigos: fiesta. Eso es lo que anduve buscando todas y cada una de las veces que visité Venecia. En vano. Se conoce que a los venecianos no les gusta mucho la jarana ya que tuve que desistir de pegarme “una buena”. Cualquier local que parezca animado te estará cerrando a las dos de la madrugada. O antes. Por eso aunque te pongas de spritz (bebida alcohólica típica de la región del Véneto) hasta las cejas, no podrás más que sentirte decepcionado con la poca vida nocturna que ofrece la ciudad. Y de esa guisa: borracho y decepcionado, emprenderás el camino de regreso a la estación de Santa Lucia. Y andando. Porque otra cosa no sé, pero en Venecia andar, se anda. Y mucho. Así que vete preparando tu mejor calzado y aventúrate a perderte por una de las ciudades más bellas del mundo.

 

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